En
Rusia, Ucrania y Vietnam, por ejemplo, las mujeres viven unos 10 años o
más que los hombres, mientras que en lugares como Nigeria la diferencia
es muy pequeña, según la publicación Our World in Data. Los científicos atribuyen parte de esta variación a diferencias sociales y de comportamiento.
Hay evidencia de que en Rusia, un "factor realmente, realmente
importante es básicamente el consumo de tabaco y alcohol", explica
Harper, algo más común entre los hombres allí.
En todo el mundo, los hombres también son más propensos a involucrarse en otras conductas que limitan la vida. "Sus dietas tienden a ser menos saludables", dice Harper. También
es menos probable que visiten al médico, añade, aunque "los hombres
casados tienen una ventaja… porque normalmente su pareja los lleva".
Afirma
que en muchas sociedades los hombres tienden a realizar trabajos más
peligrosos, y que la masculinidad puede asociarse con una mayor toma de
riesgos. "Los
hombres tienen tasas mucho más altas de muertes por accidentes de
tráfico, por violencia, por homicidio, por suicidio", advierte. Pero el panorama está lejos de ser inamovible.
En
Reino Unido, por ejemplo, las campañas antitabaco de las décadas de
1960 y 1970 llevaron a una disminución de las muertes prematuras entre
los hombres. "De repente, esa brecha se cerró de forma drástica", dice Harper. Pero
ella cree que la diferencia entre géneros nunca desaparecerá por
completo con los cambios de hábitos, porque "siempre existirá esa
diferencia biológica" entre mujeres y hombres.
Estrógeno versus testosterona
"El
estrógeno hace muchas cosas para proteger a las mujeres", dice la
profesora Consuelo Borrás, fisióloga especializada en envejecimiento en
la Universidad de Valencia, en España. Explica
que esto abarca desde controlar los niveles de colesterol y regular el
sistema inmunitario, hasta prevenir infecciones urinarias y proteger la
salud del cerebro y los huesos.
Una
de las formas en que ofrece tantos beneficios es actuando como
antioxidante, contrarrestando partículas dañinas llamadas radicales
libres que se acumulan dentro de nuestras células y contribuyen al
envejecimiento. "Muchos
estudios han demostrado que perder la protección del estrógeno en la
menopausia va a afectar muchas funciones del cuerpo", señala Borrás.
"Por ejemplo, la osteoporosis se debe al proceso de envejecimiento, por
supuesto, pero también a la falta de estrógeno".
Cuando
la terapia hormonal sustitutiva se administra a las mujeres adecuadas
en las primeras etapas de la menopausia, dice, a menudo vemos que
algunas de estas funciones se restauran.
Por
otro lado, la principal hormona sexual en los hombres es la
testosterona, que se ha relacionado con conductas de mayor toma de
riesgos. Borrás sospecha que también podría tener algunos efectos
perjudiciales dentro del cuerpo, aunque aún no está claro cómo. De
hecho, un estudio de 2012 encontró que un grupo de eunucos coreanos,
que habían sido castrados y no producían testosterona, vivieron entre 14
y 19 años más que sus homólogos no castrados.
Sin
embargo, los datos tienen limitaciones y no pueden reproducirse por
razones obvias. Pero la evidencia en algunos animales también parece
sugerir que los machos viven más tiempo cuando son castrados. Las hormonas pueden representar una pieza del rompecabezas de la longevidad, pero hay más. Hay muchos factores y conocemos algunos de ellos, pero creo que es un proceso realmente muy complejo", afirma Borrás.
Pistas evolutivas
Para intentar comprenderlo mejor, algunos científicos han estado mirando más allá de los seres humanos. No
somos la única especie en la que las hembras viven más tiempo. Muchos
mamíferos presentan este patrón, desde leones y ovejas hasta orcas y
ratones.
Curiosamente, en las aves ocurre lo contrario: son los machos quienes suelen tener la ventaja. Una pista podría encontrarse en los diferentes cromosomas sexuales.
"En
los mamíferos, las hembras tienen dos cromosomas X, mientras que los
machos solo tienen un X y un Y", explica la Dra. Johanna Staerk,
investigadora del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en
Alemania. Una
teoría sugiere que tener XX puede dar a las hembras una ventaja de
supervivencia porque "si hay una mutación en una de las copias, aún
tienes una copia extra que puede compensarlo", explica Staerk.
"Pero en los machos, como solo tienen un cromosoma X, estas mutaciones pueden ser más perjudiciales". En
las aves, son los machos quienes tienen dos copias del mismo cromosoma
-llamado Z en su caso-, mientras que las hembras tienen un Z y un W.
"Eso
podría ser una explicación de por qué en los mamíferos las hembras
viven más, y en las aves son los machos los que viven más", sugiere
Staerk. Pero su trabajo publicado en 2025 indica que hay más elementos a considerar.
"Encontramos
que las especies monógamas… no muestran grandes diferencias entre
sexos", dice. "Las especies no monógamas, por ejemplo, los gorilas o los
leones, en las que los machos compiten por varias hembras, muestran
diferencias mucho mayores entre sexos".
Sospecha
que, en estas últimas, los machos pueden haber evolucionado para
priorizar tareas que requieren mucha energía, como desarrollar cuerpos
grandes o cuernos imponentes para atraer a las hembras, a costa de su
longevidad.
Por otro lado, la evolución podría haber tomado un camino distinto en las hembras. Una
idea es que, en especies en las que las hembras cuidan de las crías,
"especialmente en especies muy longevas como los humanos o los grandes
simios, es beneficioso para la madre vivir más tiempo para poder criar a
su descendencia hasta la madurez", señala Staerk.
Una vida más larga y mejor
Pero no todo son buenas noticias para las mujeres. Pueden
vivir más años que los hombres, pero la investigación sugiere que
también soportan más enfermedades no mortales a lo largo de su vida,
cosas como dolor lumbar, trastornos depresivos y dolores de cabeza.
"Las
mujeres tienden a tener reacciones inmunitarias más fuertes, pero eso
puede conducir a enfermedades inflamatorias", explica Harper. "Y además,
por supuesto, tenemos sistemas musculares y óseos ligeramente menos
robustos".
"La
biología de los hombres los hace más vulnerables a la muerte, y la
biología de las mujeres las hace más vulnerables a la discapacidad",
concluye. Pero las tres expertas insisten en que nuestra biología no determina necesariamente nuestro destino.
"Las diferencias biológicas están totalmente influenciadas por el entorno y por los comportamientos", explica Borrás. Dice
que tanto mujeres como hombres deberían pensar en aspectos como la
alimentación, el ejercicio, el sueño y los niveles de estrés, no solo
"para vivir más, sino, por supuesto, mejor".