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Por: José Urrejola Periodista y autor en DW
Si alguna vez has tirado una leche o un yogur cerrado únicamente
porque la fecha del empaque había pasado, no estás solo. En todo el
mundo, millones de personas desechan alimentos simplemente porque asumen
que el producto venció.
Sin embargo, según los expertos en seguridad alimentaria, la gran
mayoría de esos productos sigue siendo perfectamente comestible. Lo que
muchos no saben es que la mayoría de esas fechas indica el punto máximo
de frescura y calidad del producto, no su seguridad para la salud.
El caos de las etiquetas en Estados Unidos
Mientras que en la Unión Europea o en América Latina
la regulación distingue claramente entre la "fecha de caducidad" y el
"consumir preferentemente antes de", en otros lugares el panorama es un
verdadero rompecabezas.
En Estados Unidos,
por ejemplo, no existe una normativa federal que estandarice las
etiquetas, con la excepción de las papillas para bebés, que sí pierden
nutrientes esenciales después de la fecha indicada.
"El sistema inmunológico de los niños pequeños aún se está
desarrollando y no es tan fuerte como el de los adultos, así que hay que
hacer caso a la fecha", apunta Sara Morris, científica principal de
seguridad alimentaria en el Institute of Food Technologists, en
declaraciones recogidas por National Geographic.
Sin embargo, la falta de regulación en otros alimentos ha generado
decenas de términos distintos en las góndolas de los supermercados: 'Best Before' o 'Best By' (Consumir preferentemente antes del), 'Best if Used By' (Mejor si se usa antes del), 'Enjoy By' (Disfrutar antes de) o 'Sell By' (Vender antes de), entre otros.
Lo que dicen las encuestas y los posibles cambios
Las consecuencias son concretas. En 2019, más del 80 % de los
consumidores estadounidenses decían tirar la comida al acercarse la
fecha límite, reveló un estudio de la Escuela de Salud Pública Bloomberg
de la Universidad Johns Hopkins.
Una nueva investigación de 2025 de la misma institución, junto a ReFED y la Harvard Law School Food Law
and Policy Clinic (FLPC), revela que casi la mitad de los encuestados
no entiende lo que las fechas significan.
Por eso, estados como California o Nueva York han impulsado leyes
para prohibir términos confusos. Miembros del Congreso también han
presentado el proyecto de ley bipartidista Food Date Labeling Act of 2025 para reducir el problema a nivel federal.
Calidad contra seguridad: lo que hay que saber antes de tirar comida
Los expertos quieren que el público entienda que calidad no es lo
mismo que seguridad. Donald Schaffner, experto en seguridad alimentaria
de la Universidad de Rutgers, lo resume así: "Las etiquetas de fecha
garantizan la calidad hasta ese momento. No se refieren a la inocuidad
del producto".
Rachel Zemser, científica de alimentos del área de la Bahía de San
Francisco que asesora a empresas alimentarias, coincide: las fechas "se
basan en cuándo el fabricante considera que el producto sabrá mejor,
cuando su calidad estará en el punto máximo".
"El fechado de los productos alimenticios rara vez indica cuándo es
seguro comerlos. Casi todas las fechas en EE. UU. representan cuánto
tiempo mantendrá el producto su calidad óptima", detalla Nicole Arnold,
especialista en seguridad alimentaria de la Universidad Estatal de Ohio.
Grandes diferencias según el tipo de alimento
Para no botar comida ni dinero —el desperdicio en hogares
estadounidenses alcanza los 150.000 millones de dólares al año, según la
encuesta de 2025—, los especialistas sugieren evaluar cada alimento
según su tipo y empaque.
Conservas y enlatados, como frijoles, tomates, frutas o verduras sin
abrir, así como las bebidas vegetales como leche de soya o almendras en
envase de cartón, pueden durar años después de la fecha impresa, siempre
que el envase no esté abombado ni dañado.
Productos secos, como galletas, cereales y pastas, tienen una vida
útil muy prolongada porque su baja humedad impide la proliferación de
bacterias.
"La gente puede usar su propio criterio oliendo y probando el
producto, ya que las galletas saladas y dulces secas, y alimentos de esa
naturaleza, pueden ponerse rancias, pero no te van a enfermar si las
comes", señala Zemser.
Julia Zumpano, dietista registrada del Centro de Nutrición Humana de
la Clínica Cleveland, concuerda: "No creo que comer cereal rancio sea
perjudicial para la salud. Simplemente puede que no sepa bien".
Cuándo sí hay que prestar atención
Sin embargo, con la carne de res, pollo o pescado, la regla cambia
radicalmente. Estos alimentos sí pueden echarse a perder rápidamente,
incluso dentro del refrigerador. Envolverlos herméticamente y
congelarlos antes de la fecha límite ayuda a extender su vida útil de
forma segura.
El riesgo es que bacterias como la Listeria, E. coli y Salmonella se
multiplican con el paso del tiempo y pueden causar enfermedades de
transmisión alimentaria.
"La mayoría de las bacterias necesitan humedad y aire para crecer y
prosperar, por lo que los productos muy secos durarán, pero yo no me
arriesgaría con la carne", advierte Zemser.
Con productos perecederos, "no se puede utilizar la apariencia, el
olor o el sabor para evaluar la seguridad porque las bacterias patógenas
son invisibles", alerta Schaffner.
Confiar en los sentidos para tomar una decisión
La recomendación general de los expertos es aplicar el sentido común
antes de tirar cualquier alimento: buscar señales evidentes de deterioro
como moho, olores o sabores agrios y cambios inusuales en el color o la
textura.
"Cuando notes olores extraños o cambios drásticos en la textura, como
verduras crudas blandas o pastosas, tíralas", aconseja Arnold.
La prevención también ayuda. "Practica tu propia rotación de
alimentos, compra las cantidades adecuadas y no adquieras volúmenes
gigantescos que no vayas a poder consumir a tiempo", recomienda
Schaffner.
A fin de cuentas, la clave está en planificar mejor las compras para
evitar tanto comer alimentos sin frescura como tirar dinero a la basura.
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